El teatro presenta una ciudad que se reunía para mirar un escenario y, al mismo tiempo, para verse a sí misma. Su inauguración se sitúa entre los años 16 y 15 antes de nuestra era y su promoción se vincula a Marco Agripa. La distribución del graderío y las posiciones de honor recuerdan que el público no ocupaba un espacio socialmente neutro. Observa primero el conjunto desde una perspectiva amplia; después compara la curva de las gradas con la verticalidad del frente escénico. Las columnas, esculturas y puertas construían una imagen de prestigio, además de servir a la representación. No imagines toda la fábrica intacta desde Roma: excavación, conservación y recuperación explican también lo que vemos. La visita arqueológica y una función del festival son experiencias distintas, con entradas y condiciones propias. Reserva tiempo compartido con el anfiteatro vecino.
Fuentes consultadas el 21 de octubre de 2026. Horarios y accesos pueden cambiar. El paseo no incluye entradas; reserva tiempo aparte para interiores. Las rutas no están auditadas como accesibles.
Preparar esta visita
Buscar las Siete Sillas
El Consorcio recuerda que, cuando el teatro permanecía enterrado, la parte superior visible del graderío se conocía como las Siete Sillas. Intenta imaginar esa diferencia entre una ruina parcialmente cubierta y el espacio recuperado que contemplas. La comparación ayuda a preguntar qué hicieron las excavaciones para transformar nuestra lectura del lugar, sin confundir la imagen actual con una conservación intacta desde la Antigüedad.
Seguir el eje del escenario
Observa la puerta central del frente escénico y la dirección que marca hacia el fondo: allí se documentó una estancia vinculada al culto imperial. Esa conexión añade una dimensión política al espectáculo. Para una visita breve, elegiría este eje y un punto del graderío antes de continuar al anfiteatro; comparar dos espacios bien observados aporta más que fotografiar cada columna.