Zarateman · CC0 · Wikimedia Commons · Versión reducida
La torre de los Aliatares cambia el relato del paseo: antes de palacios y aulas hubo una ciudad que necesitaba defenderse. Este resto del recinto musulmán conserva una presencia vertical reconocible entre calles comerciales. Observa la sillería, las saeteras y el remate almenado; después localiza el reloj, una incorporación del siglo XIX que añadió una función cívica a la antigua estructura militar. El interés está en esa convivencia de tiempos, más que en buscar una fortaleza completa. Mira la torre desde dos esquinas para comprobar cómo cambia su silueta entre los edificios vecinos. Continúa hacia el casco monumental pensando en los límites de la antigua ciudad. La parada se propone a pie de calle y no implica que exista una subida turística abierta a su interior.
Fuentes consultadas el 20 de octubre de 2026. Horarios y accesos pueden cambiar. El paseo no incluye entradas; reserva tiempo aparte para interiores. Las rutas no están auditadas como accesibles.
Preparar esta visita
Una torre entre edificios cotidianos
La información municipal sitúa el reloj como añadido posterior a la estructura defensiva. Proponemos observar primero la parte baja, después las aberturas estrechas y por último el reloj. Ese recorrido de la mirada ayuda a distinguir defensa y función cívica sin reducir la torre a un único estilo o momento.
Una parada exterior de orientación
Mira el conjunto desde dos esquinas peatonales para comparar su presencia entre las construcciones vecinas. No hace falta buscar una entrada: esta propuesta se limita al exterior y no acredita una subida turística abierta. Antes de continuar hacia la zona monumental, sitúa el siguiente destino y elige el paso que mejor se ajuste a tu ritmo. La torre funciona como referencia urbana, además de como vestigio histórico.